Llueve sobre el bosque...
Ácido que corroe las raíces
Próximas a salir al escenario,
Al espectáculo de la creación,
De la reencarnación de lo divino...
Es hora de renovar, de florecer...
De ser Ángeles de mensaje incierto...
La lluvia, como agua para el café negro,
Limpia aquel ácido dejado por los hombres honorables
Del morbo colectivo...
Aquellos cúmulos de humo metálico que rebana
Las creencias primitivas de los flamingos rosas
De la selva color carmín...
Todo esto sucede conmigo sentado en el prado verde
De un campo perdido en la nada...
Que sensación más deliciosa de aquella tertulia cósmica
De la hierba con mis oídos,
Dialogando y caracterizando las historias de los árboles
Al caer de sus ramas, sus frutos milenarios,
Victimas de la voz rasposa del tiempo...
Al poco andar, bordeando el horizonte de la luna nueva,
Asoma ante nosotros un ferrocarril, aquellos que de antaño,
Llevando consigo las marcas del tiempo...
Como pasajeros, los hechos relatados en los libros añejos,
Puestos bajo siete llaves inconscientes,
A resguardo del búho cantor, que con recelo
Cuida de sus apreciados compañeros de cara dura,
Sabios, prodigiosos...
Escritores de realidades que solo el ferrocarril
Del padre tiempo puede servir el te matutino...
¿Deseas te?...
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| No puede llover todos los días... Hay más sol donde buscas |

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